Hoy estamos a 6 de mayo de 2008; el cielo está nublado, por lo que el avión no ha despegado todavía de Kisangani. En nuestra casa provincial de Isiro, los hermanos empiezan a despedirse del Superior General, P. Aquileo Fiorentini y del consejero continental para África, P. Matthiew Ouma. Algunos vuelven a sus misiones, nosotros, P. Fiore y yo, nos preparamos para hacer las compras en los almacenes de la ciudad, antes de volver al interior, a Bayenga. Saldremos mañana, miércoles. Es la conclusión de la visita canónica, que el Superior General realiza a cada una de nuestras misiones cada seis años. Después de haber visto “in situ” nuestro modo de vivir, de compartir camino con el pueblo en la búsqueda de nuestro Señor y de su Reinado, y después de haber constatado nuestro trabajo por la promoción humana de los habitantes de nuestras parroquias, nos reúne a todos en Isiro para presentarnos sus conclusiones, para discutir sobre algunos puntos comunes y darnos finalmente unas orientaciones generales que nos ayuden en nuestro caminar. Es tiempo de fraternidad, de sentirse familia y en camino con todos nuestros hermanos en misión en cuatro continentes. Con entusiasmo y emoción acogemos noticias sobre las nuevas aperturas. En todos es fuerte el sentimiento de gratitud. Las palabras de P. Aquileo y de P. Matthiew tocan nuestra realidad para animar, reorientar, consolidar... nos ayudan a esperar y a buscar siempre nuestro centro: Jesucristo, nuestro Señor, palabra de Vida, su Reinado, utopía siempre vigente, fuerza vital que transforma la Historia, los pueblos, las personas.
En nuestras compras, una parada forzada es la farmacia. En Isiro hay varias farmacias que venden medicinas “a granel”, con precios más asequibles a la posibilidad de la gente sencilla, pero aún prohibitivos para los pigmeos. Esta vez queremos comprar material para operaciones sencillas: hilo quirúrgico, anestesia, antipiréticos, antibióticos, guantes quirúrgicos,...
Al final, hablamos con las familias de los enfermos y aceptaron venir a ayudarnos a limpiar de hierbas la parcela donde construiremos nuestra casa, y nosotros pagaríamos al enfermero. Con una buena dosis de amor propio, trabajaron con tesón y demostraron al enfermero (y a ellos mismos) su dignidad. ¡Una pequeña victoria! Y un camino abierto.
Al mismo tiempo, vivimos un drama con una mamá enferma de tuberculosis, que durante un mes ha esperado el resultado del examen de esputo para verificar el diagnóstico de su enfermedad, y así facilitarle el acceso al tratamiento gratuito que ofrece el hospital general gracias al apoyo de algunas ONGs. No sé bien de quién procedía la negligencia, si de los enfermeros de Bayenga, del técnico de laboratorio del hospital general, del médico responsable,... el caso es que nuestro Padre Bueno vino en nuestra ayuda, y una representación de la ONG Fundación Padre Damián vino de visita con la intención de tomar algunas fotos de algún pigmeo que siguiese el tratamiento que ellos proporcionan. Así, aunque nuestra insistencia era casi ignorada por las autoridades sanitarias, nuestro Señor escuchó el grito de mamá Honorine y finalmente comenzó su tratamiento. Ahora va mucho mejor.
Hoy ya es jueves 8 de mayo (perdonad, pero no doy para más, creo que hoy termino esta carta). Acabo de escuchar a mamá Ziada, una de las animadoras que trabajan en los campamentos pigmeos de nuestra parroquia acompañando y sensibilizando en el área de la salud e higiene. Me decía que en el campamento del cual proviene mamá Honorine, ha encontrado tres personas más que tosen con frecuencia, vomitan sangre y están adelgazando mucho. Mañana intentaré acercarme a verlos, pues probablemente sean nuevos casos de tuberculosis y habrá que convencerlos para que dejen el campamento y vengan a instalarse por unos meses en las chozas que han sido construidas para ellos cerca del dispensario.
El mes pasado ha empezado una huelga en el sector de la educación en todo el país, pues el Estado ha reducido a menos de la mitad el salario de los profesores y ha reducido el número de los enseñantes que reciben su salario del Estado, dejando fuera a un gran número de maestros y profesores colegiados en los dos o tres últimos años. Ya es bajo el nivel de nuestras escuelas, donde los alumnos pueden acabar la escuela secundaria sin haber visto un diccionario, pero si continuamos así, probablemente llegaremos a un año escolar “en blanco”.
El precio de las cosas sube sin cesar y los pobres agricultores se las ven y se las desean para comprar un vaso de sal en el mercado cada quince días... A causa de las lluvias, que comenzaron el mes pasado, las carreteras se vuelven impracticables y el precio de todo sube más y más; menos mal que este año parece que las habichuelas producirán bien y que la lluvia hace madurar más rápidamente los granos de palma, facilitando la obtención de aceite a los pequeños agricultores, que suben a su vez los precios de los escasos productos agrícolas, para así poder comprar un poco de ropa o de medicinas...
¿Qué mas contaros? ¡Ah, sí! Una de las gracias que nuestro Padre Bueno nos ha dado es la de trabajar con nuestros laicos misioneros de la Consolata: Paco, Fini, David, Susi, Ivo... Es bonito ver su frescura (entiéndase bien) y disponibilidad, su modo de querer a la gente de aquí y su ideal de misión sencillo y exigente a la vez. Me gusta mucho y me ayuda también ver cómo se sienten familia con nosotros y entre ellos. No pocas veces son para mí un cascabel que despierta mi conciencia y refresca mi consagración.
En fin, hoy os dejo así, para poder enviar esta parrafada. Un abrazo y gracias por vuestra cercanía y vuestra ayuda concreta, ¡que sí que llega!
Hasta la próxima, Andrés.
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